Pregunte a un perito
Trasunto
Si un hermano es mucho mayor que el otro, ¿discutirán estos menos que los hermanos que tienen casi la misma edad? ¿Hay alguna diferencia entre las edades en la que se minimiza la rivalidad?
Si un hermano no es mucho mayor o menor que el otro, es probable que los dos pasen tiempo juntos y que compartan los juguetes, los amigos y los intereses. Por esto, hay oportunidades más frecuentes para los conflictos y la rivalidad. Los hermanos que tienen poca diferencia de edad también suelen tener una relación más estrecha que los hermanos de edades muy diferentes. Pero también es importante tener en cuenta que muchos otros factores afectan la rivalidad o la unidad de los hermanos, como por ejemplo, la manera en que se educa a los hermanos, sus personalidades y su sexo o género. No se puede garantizar que los hermanos tengan una buena relación si se espera cierta cantidad de años después del nacimiento de un hijo para tener otro.
¿Cuáles son algunas maneras para ayudar a los hermanastros a llevarse bien?
La combinación de dos familias puede convertir en hermanastros a niños que apenas se conocen. Muchos se llevan muy bien unos con otros, pero otros traen a la relación nueva lealtades dispares y resentimiento. No se puede obligar a los hermanastros a formar lazos emocionales íntimos, y es necesario darles tiempo para llegar a conocerse. Por otro lado, hay ciertas cosas que Ud. puede hacer para ayudarlos a llevarse bien. Explíqueles que ya forman parte de una nueva familia y que no se puede esperar que las cosas sean exactamente como eran antes. No servirá que se intenten resolver las discusiones sosteniendo que ‘así se han hecho las cosas siempre en nuestra familia’. Dígales que puede ser necesario desarrollar horarios, quehaceres domésticos, reglas y tradiciones nuevas. Programe reuniones de familia en las que todos pueden expresar sus preocupaciones e ideas. Además, esté disponible si sus hijos quieren hablarle, y muéstreles comprensión y la aceptación de sus sentimientos. Evite la tentación de ponerse del lado de sus hijos en discusiones con los hermanastros, porque esto puede alentar los sentimientos de ‘nosotros contra ellos’. Finalmente, es buena idea organizar eventos divertidos para la familia, para que todos los hijos gocen pasando tiempo juntos como una familia nueva.
¿Es preferible que los padres eviten involucrarse en los conflictos entre hermanos, y esperen que los hijos resuelvan las cosas por su cuenta? Me parece que esto no sería justo para un niño más pequeño o más tímido, pero me molesta tener que hacer de juez o intentar discernir quién le hizo qué a quién.
Puede ser toda una molestia intentar discernir quién le hizo qué a quién y proveer una solución justa. No sólo porque Ud. se halla “clavado” en medio de la riña de sus hijos, sino porque estos tampoco aprenden a resolver las cosas por su cuenta. Por lo general es buena idea evitar involucrarse en los conflictos de sus hijos, aunque a veces no se puede evitar. Cuando los niños son muy pequeños y todavía no tienen la habilidad que necesitan para resolver sus propios conflictos, se los puede ayudar con un proceso que se llama la resolución cooperativa de problemas. Para ayudar a los hijos a colaborar para resolver problemas, los padres los animan a contarse unos a otros lo que necesitan en la situación o lo que quieren que suceda. Entonces los padres pueden ayudarlos a hacer una ‘lluvia de ideas’ sobre algunas soluciones para el problema, con las que todos estén contentos. A lo mejor, será una situación en la que todos salen triunfando porque el padre o la madre no tienen que ponerse de un lado u otro y los niños aprenden a resolver los problemas.
A medida que los niños van aprendiendo a manejar sus propios conflictos, una estrategia positiva de intervención es la de reconocer lo que cada niño quiere, decirles que Ud. confía en que pueden idear una solución, y luego dejar que lo hagan. Por ejemplo, si sus hijos están peleando por un juguete, escuche a cada uno y luego dígales algo así: “Veo a dos niños muy enojados que quieren el mismo bloque. Tomás lo quiere para hacer su coche y Daniel lo quiere para hacer su casa. Yo sé que los dos pueden dejar de pelear y resolver las cosas. ¿Tienen algunas ideas?” Luego váyase. Si los niños no pueden idear una solución, Ud. debería quitarles el juguete o separarlos. Siempre se debe intervenir en las peleas de los niños si existe la posibilidad que uno o los dos salgan heridos.
Tengo cuatro hijos, dos hombres y dos mujeres de entre 6 y 14 años de edad. A veces se llevan bien pero con MUCHA frecuencia discuten y pelean. “Ella me miró…”, “Él me tocó…” Creo que discuten por cosas bastante típicas, pero me molesta mucho porque a veces me pregunto si realmente se quieren, si se defenderían uno al otro y se ayudarían si realmente fuera necesario. Sé que todos los hermanos discuten, pero ¿cómo puedo fomentar sentimientos positivos y de paz entre ellos?
Por lo general, las relaciones entre hermanos se caracterizan por muchos sentimientos diferentes y complejos, como el cariño, el conflicto, la protección, la envidia, el afecto, el enojo, la rivalidad y la diversión –y con frecuencia todos a la vez. Yo conocía a un niño que protegió a su hermana pegando a un compañero de clase que la amenazaba, y dijo: “¡Yo soy el único que tiene el derecho de pegar a mi hermana!” Aunque es común que los hermanos discutan un poco porque pasan mucho tiempo juntos y comparten muchas cosas –especialmente la atención de los padres– es por medio de estas relaciones que tanto los niños como los adultos encuentran el apoyo emocional y físico, la amistad, información, amor y gozo. Por lo tanto, las riñas que usted describe ciertamente no significan que sus hijos no se quieran o que no se apoyarán unos a otros a lo largo de la vida… aunque ahora se saquen de quicio cuando están juntos en el coche.
Hay muchas cosas que los padres y madres pueden hacer para ayudar a sus hijos a llevarse bien. Una manera de fomentar las interacciones positivas es notándolo cuando se portan de las maneras que usted desea y encomiándolos. Frecuentemente, los padres y madres solo reaccionamos cuando los niños se relacionan de manera negativa o fastidiosa. Cuando los niños están tranquilos y se llevan bien, solemos dar un suspiro de alivio – y dejarlos en paz. Al hacerlo, perdemos muy buenas oportunidades de reconocer ante los niños cuando se están relacionando de una manera que aprobamos y que queremos que continúen. Si les ponemos atención solo cuando están discutiendo con los hermanos, esto en realidad puede aumentar los conflictos si los niños se pelean para llamar la atención de usted –aunque sea de forma negativa– y para provocarlo a intervenir.
Parece que las familias tienen menos hijos hoy que cuando yo crecí. ¿Cuál es el impacto en un niño que no tiene hermanos, o que tiene solo un hermano, en vez de tener tres, cuatro o cinco hermanos?
Cada familia es única, de modo que es difícil hablar en términos generales sobre todas las familias pequeñas o grandes. No obstante, en las familias grandes es probable que los niños pasen más tiempo juntos, que se cuiden unos a otros y que pasen menos tiempo a solas con sus padres que los niños de familias pequeñas.
Estas diferencias tienen sus lados positivos y negativos. Cuando un niño tiene más de un hermano que lo cuida, puede que se le haga más fácil la transición a ser cuidado por personas ajenas a la familia (por ej., cuidadores de niños, maestros), y los hermanos que cuidan a otros tal vez se sientan más preparados para cuidar a sus propios hijos más tarde (aunque sabemos que esto en sí no necesariamente los hará buenos padres o madres). Por otro lado, los padres y madres por lo general son los mejores cuidadores de sus hijos. Además, los hijos únicos y primogénitos que pasan más tiempo a solas con sus padres tienden a enfocarse más en los adultos y en el logro, y suelen desempeñarse mejor en la escuela. Los niños que pasan más tiempo con los hermanos tienden a enfocarse más en los compañeros y a tener mejores habilidades sociales.
No es cierto que los hijos únicos sean más egocéntricos ni que sean incapaces de compartir cosas. En realidad, los hijos únicos están tan bien ajustados como sus compañeros que tienen uno o varios hermanos. Quisiera enfatizar que tales características como el orden del nacimiento y el tamaño de la familia no encasillan a los niños. La relación con los padres, la personalidad y la inteligencia son unos de los muchos factores que tienen una influencia más fuerte en nuestra formación.
Yo trabajo con un niño pequeño cuyo hermano manifiesta unos comportamientos preocupantes y tal vez peligrosos. ¿Qué puedo hacer por el niño cuando expresa que se siente perturbado a causa de algo que hizo su hermano?
Una de las cosas más importantes que usted puede hacer es escucharlo, como ya está haciendo. Si un niño tiene problemas de conducta, o si tiene una enfermedad o discapacidad, sus hermanos o hermanas frecuentemente experimentan sentimientos intensos de culpa, enojo, preocupación o envidia para con su hermano. Claro que estos hermanos al mismo tiempo pueden estar preocupados constantemente de que su hermano se haga daño a sí mismo o se meta en graves problemas. Puede que también envidien la atención que sus padres le dan al niño que tiene problemas y el tiempo que pasan con él, y que estén enojados con él por ocasionar tantas dificultades y hacer que los padres estén preocupados. Los hermanos también pueden creer que llevan una carga adicional de tener que ser “perfectos” o el niño bueno con quien los padres pueden contar. Ya que aman a sus hermanos y a sus padres, los hermanos pueden sentirse muy culpables por experimentar estos sentimientos negativos. Cuando una familia se halla en esta situación, los padres tal vez no tengan el tiempo ni la energía para atender las necesidades emocionales de los niños que no manifiestan el comportamiento problemático por estar muy ocupados con el otro hijo, o a veces el hijo sin problemas tal vez simplemente no quiera cargar más a sus padres. En tales casos, se puede ayudar mucho al niño al permitir que hable de sus sentimientos, para ofrecerle respaldo sin juzgarlo.
Uno de nuestros hijos parece sobresalir en todo, ya sea en los estudios, el deporte o la popularidad. El otro encuentra muchas dificultades y constantemente pone a prueba las reglas. Los dos son muy diferentes; ¿hay alguna manera de fomentar una buena relación entre ellos?
No hay ninguna manera de evitar que los hermanos de una familia sean muy diferentes, con distintas habilidades, intereses, personalidades y temperamentos. Nacen con algunas de estas diferencias, otras se desarrollan a causa de sus distintas experiencias de la vida, y otras características son cultivadas con esmero por los hermanos que deciden brillar en varias actividades. Sin embargo, tienen en común una de las cosas más importantes del mundo: la familia.
Aun si sus hijos no están inclinados a ser los mejores amigos en este momento de sus vidas, usted puede estimularlos a relacionarse al planificar actividades para toda la familia. Al requerir que el televisor esté apagado durante la cena y que cada uno converse sobre cómo le fue en el día, convierte a la cena en un momento importante para que los familiares se mantengan al tanto de lo que pasa con los demás. Programar noches cuando todos tienen que quedarse en casa para jugar juegos o mirar películas en familia, para que todos pasen un rato juntos y se relajen sin las presiones diarias, puede ayudar mucho… y si sus hijos se quejan por tener que quedarse en casa, al menos pueden unirse en la irritación que tienen en común. Para lograr que sus hijos se apoyen uno al otro, pida que toda la familia asista a algunos de los eventos o se entusiasme por los logros de ambos hijos. Parece que sería fácil que la familia asistiera a uno de los muchos eventos deportivos de uno de sus hijos, o a celebrar sus calificaciones escolares. Puede ser necesario utilizar más creatividad para encontrar maneras para que la familia muestre el orgullo por los logros del otro hijo sin hacer que se sienta inferior. Los viajes familiares, tradiciones especiales de la familia y celebraciones también son maneras de mejorar la relación entre sus hijos.
Lo que sigue tal vez no sea necesariamente una parte de su pregunta, pero la cuestión de las diferencias entre hermanos me hace pensar en lo fácil que es para los padres destacar estas diferencias; algo que deberíamos intentar evitar. Aunque puede parecernos natural comparar a niños muy diferentes, tales comparaciones pueden causar dificultades a los niños y pueden estorbar su relación. Por ejemplo, los comentarios como: “¿Por qué no puedes ser como tu hermano?” pueden hacer que un niño resienta a un hermano o se sienta enojado con él. También pueden hacer que el niño crea que los padres lo quieren menos que al hermano y pueden despertar la envidia. Las comparaciones que hagan que un niño se luzca más que su hermano –como por ejemplo: “Eres mucho más atlética que tu hermana”– pueden hacer que el niño tenga sentimientos de culpa respecto a su hermana o que se compadezca mucho de ella. Se pueden evitar las comparaciones al identificar y describir simplemente la conducta o la personalidad de un niño, sin referirse a un hermano. Por ejemplo, en vez de decir: “¿Por qué eres tan descuidado cuando tu hermana es tan ordenada?”, se puede decir: “Te ves muy descuidado; deberías arreglar tu camisa.”
Cuando los niños tienen personalidades muy diferentes, puede parecernos natural darles etiquetas como el “inteligente”, el “artista” o el “desenfrenado”. Pero estas etiquetas pueden destacar las diferencias entre los hermanos, distanciarlos y despertar sentimientos negativos como el resentimiento y la envidia. Si José es “el talentoso” que brilla en la música y Roberto se mete en más líos y recibe la etiqueta del “alborotador”, Roberto puede resentir lo que él percibe como el estatus favorecido de José en la familia, y su envidia puede lastimar la relación con su hermano. Aun las etiquetas positivas pueden ser problemáticas porque los hijos pueden sentirse presionados por vivir a la altura de las expectativas de sus padres, y frecuentemente se sienten culpables ya que parece que sus padres los quieren más que a un hermano o hermana. Las etiquetas también pueden aumentar los comportamientos negativos; el hijo “desenfrenado” puede pensar que bien podría seguir haciendo locuras porque los padres ya lo esperan.
Para evitar las etiquetas, tenga en cuenta que cada niño es único y tiene la capacidad de hacer muchas cosas y portarse de muchas maneras diferentes. Si un niño realiza cierto tipo de comportamiento por un tiempo (por ej., el deporte, meterse en líos, el arte) esto no significa que él o ella seguirá haciéndolo para siempre. Encomie a sus hijos cuando hacen algo positivo e inesperado. Por ejemplo, si su hijo parece que siempre llega tarde pero llega a la mesa a tiempo para cenar, no se olvide de encomiarlo por llegar a tiempo. Anime a su hijo a probar actividades que le interesan, sin importar si un hermano es más talentoso. Tenga en cuenta que, aunque los hijos nacen con varias características de personalidad, usted como padre o madre puede influenciarlos para portarse de manera diferente, no para encasillarlos en ciertos papeles en la vida; y también puede impedir que se encasillen a sí mismos en ciertos papeles.
Tengo dos hijas, una de 6 años y la pequeña de 18 meses. Mi hija mayor tiene el Trastorno del Déficit de Atención y veo que se le hace difícil relacionarse con su hermanita. Mi hija mayor frecuentemente juega duro, saca juguetes a su hermana o intenta obligarla a relacionarse cuando la pequeña quiere hacer otra cosa. ¿Cuáles son algunas sugerencias para mejorar la relación entre las dos y reducir la rivalidad?
Muchos padres y madres nos preocupamos sobre la manera en que nuestros hijos mayores se relacionan con los hermanos menores y nos frustramos cuando realizan los comportamientos que su hija de 6 años manifiesta. Estos comportamientos no deseados pueden ser ocasionados en parte por sentimientos de rivalidad y de enojo al tener que compartir la atención y el cariño de los padres. Tal vez, los niños simplemente no hayan alcanzado una etapa del desarrollo en que podrán ajustar sus maneras de jugar a las necesidades de un niño más pequeño. Se necesitan capacidades mentales y emocionales relativamente avanzadas para reconocer que alguien está harto de un juego y para interesarse en esto, y para entender que se puede jugar más duro con un niño de 4 años que con una de 18 meses.
Aunque su hija menor no es recién nacida, su hija mayor todavía se está ajustando a la necesidad de compartir el tiempo y la atención de usted, y puede que se le haga difícil observar el cuidado directo que su hermanita recibe de usted. Una manera de tratar los sentimientos de envidia hacia un hermano menor es enfatizando lo estupendo de ser mayor. Es importante pasar un rato especial a solas con la niña de 6 años, haciendo cosas que solo las niñas “grandes” pueden hacer. Estimule a su hija mayor a sentirse orgullosa de su papel de hermana mayor hallando maneras de hacerla participar en actividades de cuidado: ¿podría escoger la ropa para su hermanita? ¿ayudar a preparar comidas? ¿ponerle los calcetines? Platique con ella que usted piensa que su hija menor anhela con ilusión hacer cosas como la mayor, como leer, montar bici o correr.
Cuando usted está con ellas y se da cuenta que su hija mayor quiere relacionarse con la hermanita, sugiérele firmemente que la divierta sin tocarla: “Me imagino que a tu hermanita le encantaría si le cantaras una canción/le leyeras un libro/le mostraras cómo hacer volteretas”.
No olvide señalar y encomiar a su hija mayor cuando acierta en algo: “¡Qué bonito, la hiciste sonreír!” “Mira, cuando ella se puso malhumorada dejaste de hacerle cosquillas; muy bien.” Tenga en cuenta que las habilidades sociales que ella aprende relacionándose con su hermana, sobre la empatía y el leer las señales emocionales, le servirán también en otras situaciones fuera de casa.
En cierta familia los padres comparan el desarrollo de su hija de 33 meses con el de su hermana mayor, de 7 años. Quieren que la hija menor alcance los mismos logros académicos que hizo su hermana cuando tenía la misma edad. La niña menor va alcanzando los hitos del desarrollo típico de su edad. ¿Cuáles son algunas maneras de abordar el tema con los padres para ayudarlos a comprender y aceptar a cada hija como una persona individual?
Todos los niños son dignos de ser queridos y valorados por quiénes son y por sus propios dones individuales. Como se discutió en la respuesta a una pregunta anterior, el comparar a los hijos puede causar problemas en la relación entre ellos. En este caso, los padres posiblemente están estorbando su propia meta, la de un logro académico fuerte para ambas niñas. La hija menor, si no está inclinada al logro académico tanto como su hermana, puede que simplemente se dé por vencida. ¿Por qué esforzarse por hacer lo mejor que pueda en la escuela si nunca podrá lograr tanto como su hermana y sus padres no valoran lo que sí ha logrado? También es posible que la hermana mayor se sienta avergonzada de sus logros porque ponen mal a su hermana, y que ella misma disminuya o hasta sabotee su propio logro.
Puede ser un tema delicado el comentar la manera en que otra pareja educa a sus hijos. En última instancia, la manera en que usted les hable dependerá de su relación con ellos: cómo son ellos, en qué situación se relaciona usted con ellos, y cómo son sus interacciones. Una manera de abordar el tema puede ser relacionando las diferencias entre las hijas con las diferencias entre los padres. ¿Cuál de los dos arregla la cuenta bancaria? ¿el coche? ¿Cuál lava la ropa o hace citas con el médico para las niñas? ¿Por qué uno de los dos maneja ciertas tareas en vez del otro? (Espero que vean que no es que uno sea más listo ni mejor que el otro, sino simplemente que son personas diferentes con diferentes talentos, necesidades, intereses, etc.; así como son sus hijas.) Tal vez será buena idea señalar que, desde una perspectiva genética, a menos que sus hijas sean gemelas idénticas, comparten solo el 50% de los genes como promedio. Por lo tanto, hay razones biológicas o genéticas por las que las niñas diferirán la una de la otra y se desarrollarán a ritmos distintos y de maneras diferentes.
Usted también podría buscar oportunidades de encomiar especialmente a la hija menor: “¡Natalia tiene un carácter muy alegre! Ustedes tienen la buena fortuna de tener una hija que siempre está contenta.” Idealmente, al enfatizarse lo maravilloso de la hija menor, los padres pueden empezar a valorar sus características singulares.
¿Hay alguna conexión entre la manera en que los hermanos se relacionan de pequeños y su relación como adolescentes o adultos?
Esta pregunta tiene que ver con lo singular de la relación entre hermanos. Simplemente, la respuesta es sí. Si los niños tienen una buena relación con los hermanos durante la niñez, por lo general tendrán interacciones más positivas con ellos durante la adolescencia y más tarde. Los hermanos que no son muy allegados y experimentan niveles altos de conflictos durante la niñez, por lo general no tienen buenas relaciones durante la adolescencia y la edad adulta y muchos cargan sus resentimientos y enojos hasta la vejez. (Por supuesto, ciertamente es posible que las relaciones negativas con los hermanos durante la niñez se mejoren con intervenciones que ayuden a los niños a relacionarse de una forma más positiva.) De modo que hay una conexión entre las relaciones de los hermanos durante varias etapas de la vida. Sin embargo, las relaciones “buenas” entre los hermanos con frecuencia son muy diferentes en la niñez, la adolescencia y la edad adulta.
Durante la niñez, los hermanos frecuentemente se hallan pasando tiempo juntos sin que les quede más remedio. Se espera que compartan muchas cosas: juguetes, la alcoba, la atención de mami y papi (durante una etapa cuando los papás son lo más importante en la vida), el asiento de atrás del coche, los amigos, etc. Por lo tanto, durante la niñez, los hermanos que tienen buenas relaciones a menudo discuten tanto como juegan. Durante la adolescencia los hermanos pasan cada vez más tiempo fuera de casa con los compañeros, en la escuela y en otras actividades, pero probablemente todavía decidan pasar un tiempo juntos, y frecuentemente el hermano mayor ‘instruye’ al menor sobre las cuestiones sociales. Las riñas ocurren pero suelen ser menos frecuentes que durante la niñez. Durante la edad adulta, a diferencia de cuando éramos niños, tenemos mucha libertad para decidir cuánto tiempo queremos pasar con los hermanos. A causa de esto, los conflictos suelen disminuir notablemente y por lo general podemos crear relaciones con los hermanos que son las mejores para nuestras circunstancias. Algunos hermanos deciden ser compañeros de cuarto en la universidad, otros platican por teléfono una vez a la semana y otros simplemente gozan de verse durante los días festivos. Probablemente todos consideran que tienen buenas relaciones con los hermanos. Más tarde en la edad adulta, muchos hermanos se relacionan frecuentemente. Sin embargo, en el caso de muchos más, las relaciones con los hermanos se valoran simplemente porque es importante tener familiares con quienes poder contar y compartir la historia familiar, aun si raramente se comunican entre sí.
Uno de nuestros hijos tiene problemas crónicos de salud que nos exigen mucho tiempo y atención. ¿Cómo podemos evitar que esto ocasione resentimiento entre los otros hijos?
Los niños pueden experimentar muchos sentimientos desiguales, intensos y confusos acerca de un hermano que tiene una enfermedad crónica, como mencioné en la respuesta a una pregunta anterior. Es importante comunicar a sus hijos que no está mal tener esos sentimientos y expresarlos. Ustedes también podrían darles señales que demuestren que comprenden lo difícil de la situación: “Siento que tuvimos que faltar a tu partido de fútbol, es que llevamos a Alicia al médico otra vez. Me imagino que te resultará frustrante cuando no siempre podemos hacer las cosas que habíamos planeado.” Puede que ustedes ya se sientan abrumados con sus vidas atareadas, pero aunque sea difícil, intenten hallar maneras de pasar un rato a solas con cada uno de sus hijos cada semana para que cuenten con su atención, sin distracciones, durante ese tiempo.
Lo bueno es que es muy posible que sus hijos experimenten muy poco resentimiento. La literatura sugiere que cuando los niños creen que sus padres prestan más atención a un hermano porque este la necesita, por lo general tienen sentimientos positivos para con su hermano y sus padres. En cambio, cuando los niños perciben que los padres le dan un trato diferente a un hermano a causa de su sexo, su personalidad, etc. en vez de alguna necesidad suya, más probablemente experimenten sentimientos negativos como el resentimiento. Ya que los niños con una enfermedad o discapacidad crónica necesitan claramente la atención de los padres, los hermanos de estos niños tienden a estar más dispuestos a aceptar que sus padres los traten diferentemente. Para reforzar esta idea con sus hijos, cuando surja el tema, explíquenles que ustedes los quieren a todos y que se esfuerzan por dar a cada uno lo que necesita; y que cada uno necesita cosas diferentes de ustedes.
Tengo dos hijas, de 10 y de 14 años, que discuten constantemente. Suelen lastimarse los sentimientos con palabras inaceptables. Cuando intento redirigirlas, cada una dice que me pongo de parte de la otra. Como madre soltera, me siento agotada luchando a diario con este problema.
Usted ciertamente no debería meterse en las discusiones de sus hijas, especialmente si ellas perciben su intervención como estímulo para las riñas. Sus hijas tienen suficiente edad para resolver las cosas por cuenta propia, y esto es lo que deberían estar haciendo. Si necesitan que usted las ayude a resolver sus problemas durante algún tiempo, sugiero la estrategia que presenté en respuesta a una pregunta anterior: describa lo que usted ha observado, dígales que confía en que pueden resolver las cosas, y luego váyase. También sugiero una estrategia más generalizada: Siéntase con sus hijas y hábleles sobre cómo usted se siente sobre la situación general. Intente evitar el enojarse y echar la culpa, en cambio dígales algo así (y me imagino que usted tal vez se siente así): “Las quiero mucho a ambas, y me duele ver que cada una lastima a la otra todos los días. Yo trabajo mucho por esta familia, y me importa mucho que cuando estamos juntas, todas nos llevemos bien. ¿Cómo podemos lograr esto?” Intente estimularlas a hacer una lluvia de ideas sobre soluciones para sus conflictos en general y para las discusiones específicas que tengan. A usted le corresponderá facilitar la discusión, no juzgar y evaluar lo que ellas dicen. Usted no quiere que la enzarcen en sus conflictos, sino que las dos resuelvan sus problemas juntas.
También sugiero firmemente que usted obtenga el libro Siblings without Rivalry (Hermanos sin rivalidad) de Faber y Mazlish, creo que lo encontrará muy útil. Finalmente, sus hijas tienen suficiente edad para tener ya las habilidades necesarias para resolver sus propios conflictos. Sin embargo, si usted tiene motivos para creer que ellas no tienen estas habilidades y que realmente no pueden resolver sus problemas por su cuenta, usted debería tratar de que aprendan a hacerlo, ya sea enseñándoles explícitamente usted misma las estrategias de resolución de conflictos, o logrando que reciban capacitación fuera del hogar.
¿Hay algunas cosas especiales que los padres o abuelos deberían tener en cuenta acerca de las relaciones entre los hermanos cuando la familia se halla en medio de un divorcio? Me refiero a niños menores de 5 años.
Los conflictos entre hermanos a menudo aumentan durante el proceso de un divorcio, por muchos motivos. Los niños pueden estar ansiosos, confusos y perturbados por los cambios y los sentimientos que perciben en su familia y, como resultado, pueden tener mal genio y las riñas pueden ser más frecuentes. En muchos casos, los padres tienen sus sentimientos involucrados en el divorcio y están muy ocupados porque un cónyuge se ha mudado de la casa familiar, de modo que el otro tiene menos tiempo para educar a los hijos con sensibilidad e intervenir exitosamente en los conflictos entre hermanos. Además, durante un divorcio, los niños frecuentemente necesitan mucha atención y apoyo de parte de sus padres. Cuando estos tienen menos tiempo para sus hijos, los niños podrían pelear más para llamar la poca atención paterna que pueden obtener. Los niños también pueden sentir enojo hacia los padres por cambiar las circunstancias de su familia pero tal vez no estén dispuestos a revelarles tanto enojo al padre o la madre (porque los padres ya están tan tristes o porque temen que si expresan el enojo recibirán aún menos atención de sus padres), de modo que se desquitan el enojo en un hermano.
Pero a pesar de todo esto, hay un lado positivo. Los niños tienen mucha capacidad de recuperación, y las buenas prácticas de crianza y educación por parte de sus padres –y de sus abuelos– son la cosa más importante para ayudarlos a sobrellevar el divorcio. Los conflictos entre hermanos durante este período, por lo general, se deben a la confusión de los niños sobre el divorcio (pero no se deben a, digamos, el deseo de enloquecer a los padres cuando estos ya se sienten abrumados); al comprender esto, usted podrá decidir cómo responder a los niños. Al ser sensible y estar disponible para relacionarse con ellos, tanto como sea posible, se pueden reducir algunos de los conflictos. Los abuelos pueden tomar un papel esencial al estar disponibles, mostrar cariño y ofrecer estabilidad; las cosas van cambiando rápidamente en la casa de los niños, de modo que es importante que sepan que su relación con los abuelos permanecerá constante.
Aunque los conflictos entre hermanos pueden aumentar durante un divorcio, sus relaciones en general no necesariamente se volverán más negativas. El experimentar el divorcio de sus padres puede fortalecer el lazo afectivo entre los hermanos y aportarles el respaldo y la seguridad durante un momento cuando las otras relaciones familiares aparecen confusas. Los hermanos frecuentemente cuentan unos con otros para comprender el divorcio, y los hermanos mayores pueden explicarles lo que pasa a los menores. Un aumento en los conflictos hasta puede ser una señal de una relación fuerte entre hermanos. Los niños tal vez puedan expresar su enojo ante un hermano, aunque teman expresarlo ante los padres. ¿Por qué? Porque saben que su hermano estará allí, pase lo que pase. Es especialmente importante que los niños sepan esto cuando otras relaciones familiares van cambiando y pueden parecer inseguras.
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