Arenga para los padres en el tiempo del COVID-19. Esté presente con las emociones intensas de su hijo

Sobre este recurso
Revisado: 2020
English title: COVID-19 Parenting Pep Talk: Be With Your Child’s Big Feelings

Para muchos de nosotros, los cambios en las rutinas y la falta de opciones nos han provocado sentimientos de tristeza, enojo y frustración. Aunque estemos viviendo estas emociones difíciles, los adultos comprendemos que los cambios en nuestras rutinas diarias sirven para ayudar a poner fin a la propagación de COVID-19.

Los cambios causan confusión en los niños pequeños porque piensan en forma concreta. Dependen de lo que pueden ver, sentir y experimentar para comprender el mundo. Los niños pequeños tienen un entendimiento más limitado de la situación de la pandemia; imagínese lo confusos que se sienten cuando sus rutinas diarias han cambiado totalmente a causa de un virus que no pueden ver.

La pena, la tristeza, el enojo y la frustración son sentimientos grandes que los niños pequeños tratan de manejar. Estas emociones pueden ser fuertes y surgir de repente, y esto puede asustarlos a ellos. Los niños van aprendiendo a manejar sus sentimientos y tal vez no sepan expresar con palabras las experiencias tan intensas. Pueden estar portándose mal de maneras que los adultos hallamos dificultosos, como con los berrinches, el llanto, pegar a otros o esconderse.

Cuando los niños realizan los comportamientos que son difíciles para los adultos, nos están diciendo: “¡Necesito que estés conmigo y que me ayudes a entender lo que significan estos sentimientos!” La conducta difícil llama la atención de los cuidadores y los lleva a acercarse al niño. No obstante, los cuidadores podemos estar atentos para señales más sutiles de los sentimientos grandes, y tomar acciones para impedir que estos se expresen de maneras peligrosas.

Al igual que muchos de ustedes, he estado en casa con un niño pequeño durante la pandemia de COVID-19. En las pláticas motivacionales anteriores de esta serie, conté que me daba cuenta de que al reorientarme hacia una dirección positiva y tomar tiempo para conectarme, he ayudado a nuestra familia a tener más paz en nuestras rutinas diarias nuevas. No obstante, todavía me hallo en una montaña rusa de sentimientos cuando surgen las experiencias intensas.

Por ejemplo, un día estuve con mi niño de 5 años. Hacíamos una caminata en un parque cerca de nuestra casa. De camino al parque, habíamos pasado el supermercado. Mientras jugábamos en el trébol, mi hijo se puso a llorar. Me dijo que hacía mucho tiempo que no íbamos al supermercado y pasábamos por la sección de panadería para tener una galleta gratis. Mi primer pensamiento fue, “¡No más es una galleta y has comido muchas galletas mientras estábamos en casa!” Sin embargo, cuando le recordé de la galleta que había comido poco antes, sólo pareció alterarse más. En aquel momento me di cuenta que debía de ser una “entrenadora emocional” en vez de arreglar el problema de las galletas.

Ser un “entrenador emocional” significa estar al lado de los niños y acompañarlos en sus emociones grandes. En este caso con mi hijo, esto significaba darle un gran abrazo cuando se sentía tan triste acerca de no obtener una galleta gratuita de la panadería, escuchar sus palabras y reasegurarle que la tristeza que sentía era real. Aunque parecía una cosa pequeña, para él era muy importante poder escoger una galleta.

Mientras escuchaba la tristeza de mi niño, me daba cuenta que se trataba de más que una galleta. Me contó lo mucho que quería ir a la tienda para ayudar a mover el carrito por la tiendo y escoger qué comprar junto con su papá. Al final ideamos un plan para hornear nuestras propias galletas. El poder escoger el tipo de galleta que haríamos le daba un sentimiento de poder en la situación.

Yo sé que mi hijo necesitaba que yo le acompañara mientras vivía este gran sentimiento de tristeza más que necesitaba una tanda de galletas para tomar el lugar de una gratuita de la panadería. La tristeza y el enojo de los niños es exactamente tan real como la pena y el enfado que vivimos los adultos mientras procesamos los sentimientos de frustración por no poder viajar, ver a amigos y familiares ni hacer otras actividades.

He tratado de recordar que debo de estar con mi hijo y entrenarlo a manejar los sentimientos grandes durante los meses que han pasado desde que lloró por las galletas. ¿Cómo saber si estamos progresando aunque parece que cada día estamos en una montaña rusa de sentimientos? Un día mi hijo acabó de comer la merienda que le había dado para la mañana, y ya quería otra merienda. Le dije que tendría que esperar hasta el almuerzo, y mi “no” le provocó un berrinche enorme. Con el transcurso del día se puso tranquilo y me dijo, “Papi no quiso jugar a robots conmigo y tú no me hiciste otro tostado ni me diste más totopos, y eso me enoja mucho. Me pone tan enojado que tengo ganas de morder a la gente.”

Le agradecí que no me mordiera y que me contara sus sentimientos, pero mantuve un firme “no” y le dije que le daría más en media hora cuando terminara de preparar el almuerzo. Mi hijo todavía estaba enfadado durante un ratito, y le dije que me daba mucho orgullo que pudiera expresarse con palabras. Yo espero que mientras ustedes entrenen a los niños pequeños que ustedes quieren, también tengan momentos de celebrar las habilidades que van desarrollando durante estos tiempos difíciles.

Rebecca Swartz
rswartz@illinois.edu

La profesora Rebecca Swartz, especialista en aprendizaje infantil de IEL, terminó el doctorado en desarrollo humano y estudios familiares en la Universidad de Illinois en Urbana-Champaign. La investigación y los trabajos de extensión de Rebecca focalizan en el cuidado de bebés y niños menores de 3 años de edad, el cuidado infantil en hogares y el desarrollo social-emocional de niños pequeños. Se propone ayudar a los padres y educadores de niños pequeños al proporcionar recursos basados en evidencia sobre el desarrollo y aprendizaje infantil.
Biografía actualizada en 10/2019