Cocinamos con Espinacas

Sobre este recurso
English title: Cooking with Spinach

Shalan Knapke, Gail Lawrence, y Mindy Moses
El aula Abejas de Miel: Bebés y niños de 1 y 2 años
Centro para Niños de la Universidad St. Ambrose
Davenport (Iowa)


El proyecto Cocinamos con Espinacas se realizó en el aula Abejas de Miel para niños menores de 3 años en St. Ambrose Children’s Campus (Centro para Niños de la Universidad St. Ambrose), el cual forma parte de la Universidad St. Ambrose en Davenport (Iowa).

Los niños del aula Abejas de Miel asisten ocho horas al día, cinco días a la semana. El proyecto se llevó a cabo entre marzo y mayo de 2012. Ocho niños que tenían entre 8 y 23 meses de edad, participaron en el proyecto al cocinar, cultivar y comer espinacas.

Gail Lawrence, la maestra auxiliar del aula Abejas de Miel, facilitó mucho del presente proyecto. La meta profesional de Gail para el año escolar 2011–2012 era la de cocinar con bebés y niños de 1 y 2 años. Este proyecto representó un paso hacia la realización de su meta. Antes del proyecto de espinacas, había presentado a los niños proyectos pequeños que trataron sobre el maíz, las manzanas y las zanahorias. Con el apoyo de la maestra principal, Shalan Knapke, y la maestra auxiliar de tiempo parcial, Mindy Moses, convirtió en un proyecto completo la última actividad con comida del año.

Children’s Campus apoya los estudios y el crecimiento de todos los maestros, niños y familias participantes en el programa. Gail y sus maestras colaboradoras contaban con el apoyo de los profesores de St. Ambrose Children’s Campus mientras participaban con los niños en el proyecto de cocinar con espinacas.

Fase 1. El comienzo del proyecto

La inspiración de una maestra. “Cuando la vida te da bananas magulladas, haz licuados”.

Hacía varias semanas que Gail pensaba en presentar la espinaca a los niños. Se preguntaba cómo hacerla interesante para los pequeños. Después de lavarla, romperla y meterla a la boca, ¿qué más querrían hacer los niños menores de 3 años con la espinaca?

Mientras tanto, algunas bananas de sobra estaban volviéndose marrones en la cocina del centro, y Gail quería usarlas. Al abrir el refrigerador, también halló yogur y fresas. En la mesa se encontraba una licuadora. Se le ocurrió que unos licuados elaborados con las bananas, el yogur y las fresas harían una merienda deliciosa de la tarde para los niños. ¡Poco se imaginaba que dichos licuados de bananas marrones conducirían al inicio del Proyecto de espinacas!

Los niños quedaron fascinados mientras Gail metió la banana madura y los demás ingredientes a la licuadora. Sin embargo, no esperaba los gritos que dieron sobresaltados todos los niños cuando encendió la máquina. ¡No olvidará nunca lo rápido que brincaron de sus sillas y se fueron corriendo!

Se presenta el baile de la licuadora

Para ayudar a los niños a hacer frente a su temor ante el ruido de la licuadora, Gail decidió mostrarles un baile de licuadora tontillo. Dramatizó el fuerte ruido del aparato al agitar los brazos y la piernas y hacer sonidos similares a los de la licuadora. Afortunadamente, los niños dejaron de llorar. También le deleitó a Gail que cada niño probó el licuado preparado ¡y pidió más!

La licuadora comenzó a usarse constantemente en el aula Abejas de Miel después del primer evento de licuados, y al poco tiempo todo el mundo hacía el baile de la licuadora. Los niños y las maestras hicieron experimentos con el sabor de los licuados echando frutas de sobra durante la próxima semana. Esto motivó a Gail a preguntarse: “¿Qué tal agregar la espinaca a las ingredientes de nuestros licuados?”

La elaboración de licuados con espinacas. “Pruébalo, te gustará”.

Cierto día cuando Eli, de 23 meses de edad, Conlan, de 22 meses, y Reese, de 16 meses se despertaron de la siesta de la tarde, Gail colocó la licuadora en el piso (tras quitar la cuchilla) junto con una canasta de alimentos de juguete. Los niños se turnaron quitando la tapa y echando alimentos a la licuadora. Gail observó las investigaciones y el juego de los niños con el aparato y decidió que tenía buena oportunidad de sacar del refrigerador de la clase una bolsa de espinacas frescas. Las presentó a los niños y les preguntó si sabían qué eran. “¡Leche!”—dijo Eli. “No. ¿Qué más podría ser?”—les preguntó. “¡Carne!”—respondió Eli. “¡Jugo!” El niño estaba haciendo inferencias basándose en su conocimiento de los alimentos, pero ¡parecía que las bolsas de verduras frondosas eran algo nuevo para él! “¡Abre!”—exclamó Eli. “Vamos a abrir las espinacas para merendarlas. ¿Te gustaría echar algunas a la licuadora para hacer licuados?”—preguntó Gail. “¡Sí!”—contestó el niño.

Este experimento le interesaba mucho a Gail también, ya que no tenía ninguna experiencia de agregar la espinaca a los licuados. ¿Cómo se verían? ¿A qué sabrían? ¿Les gustaría a los niños tanto como los licuados de frutas?

Los licuados que los niños elaboraron con espinacas tenían un color verde brillante y el mismo sabor de frutas que los batidos que habían probado antes. Los niños y las maestras los probamos, y ¡nos gustaron! “¡Hurra!” dijo Ani, de 21 meses. “Ma” (más)—pidió Reese, de 16 meses. Durante la próxima semana los niños participaron en elaborar esta variedad nueva de licuado. (Vea las Figuras 1–4).

Al poco tiempo los padres y madres empezaron a sentir curiosidad sobre lo que pasaba en el salón de clases, y muchos se quedaban para hacer licuados de espinacas con los niños (vea la Figura 5).

Shalan, Mindy y Gail percibían que estos ocho niños pequeños, junto con sus padres, se sentían motivados para continuar el estudio de la cocina. La experiencia inicial con licuados de espinaca dio lugar al proyecto Cocinamos con espinacas.

Fase 2. El desarrollo del proyecto


La importancia de la red de temas

Shalan, Mindy y Gail desarrollaron una red de temas para el proyecto Cocinamos con Espinacas (vea la Figura 6). Hallaron que para el momento en que terminaron la red, se veía tan repleta de ideas que no se estaban seguras de cómo proceder; les intimidaba un poco la riqueza de posibilidades implicadas en el tema. Planearon rodear a los niños pequeños de un ambiente lleno de oportunidades de aprender sobre la espinaca y el arte de cocinar. ¿Se aburrirían los niños con la espinaca? ¿Les abrumarían las actividades? Gail decidió enterarse.

¡Llamamos a todos los cocineros! Cocinar con los niños

Al parecer de Gail, la primera tarea era la de desarrollar recetas con espinacas que los niños pequeños podrían ayudar a preparar. Decidió escoger recetas relacionadas a los intereses y conocimientos crecientes de los niños que había observado mientras hacían experimentos con la licuadora y los licuados de espinacas. También quería que las recetas fueran saludables. Después de investigar varias páginas de Internet que trataban la comida, decidió usar la receta existente de licuados con espinaca junto con una receta de panecillos (muffins). Durante más de un mes, los niños y las maestras hicieron panecillos, panqueques y licuados de espinacas. ¡Siempre estaban presentes las bananas muy maduras, para dar sabor a los licuados, y la licuadora!

Los niños eran cocineros muy dedicados. Ya que una creencia fundamental en el salón Abejas de Miel es que los niños son competentes y capaces, Shalan y Gail arreglaron las actividades de cocinar para animar la independencia. Los niños sacaban ingredientes con cucharas y los vertían, revolvían y probaban. También presentaron a sus padres y a empleados del centro pasteles horneados con espinaca (vea las Figuras 7–19).

Todos estaban de acuerdo que los panecillos de espinacas eran sabrositos.

Cuentos sobre espinacas. La serie “Gran novela estadounidense”

Gail tuvo poca suerte al buscar libros infantiles para complementar el estudio de la clase sobre cocinar con espinacas. Por lo tanto, creó libros pictóricos de recetas al convencer a su esposo para que fuera el cocinero de espinacas y el personaje principal.

Dana siembra espinacas

Panecillos para Dana

Shalan y Gail también crearon tarjetas pictóricas de recetas y otro libro en que los niños eran los cocineros “estrellas”.

El cultivo de la espinaca. ¡Siémbrala, recógela, cómela!

La primavera de 2012 llegó temprano. A los arbustos y árboles les empezaban a salir brotes, y Gail vio la oportunidad de llevar al aire libre el estudio de espinacas. Una mañana mostró a Eli, de 23 meses, el paquete de semillas de espinaca que sembrarían y le preguntó si sabía qué era el paquete. Eli dijo: “¡Pajaritos!” ya que infería que pensaba que las semillas eran alimento de pajaritos. Los niños y Gail sembraron las semillas de espinacas aquel mañana fría de la primavera, y varias espinacas crecieron durante el transcurso de su proyecto. (Vea las Figuras 20 y 21).

Buddy y Rio, los conejos que eran las mascotas queridas del Centro para Niños, recibían felices las espinacas verdes y frescas que los niños arrancaban para ellos a diario. La clase Abejas de Miel también cosechó el resto de la espinaca de la primavera para hacer su propia ensalada.

Annabelle arrancó hojas de espinaca a una planta y las echó a una bolsa que Gail mantenía abierta. (Vea la Figura 22). Conner arrancó una planta entera de la maceta y la puso en la bolsa. (Vea la Figura 23). Eli colocó una hoja de espinaca en la jaula de Rio, conejo de la clase. Contempló mientras Rio la mordisqueó. (Vea la Figura 24). Conner lavó las espinacas al revolverlas en un recipiente de agua con tenacillas. (Vea la Figura 25). Cuando las espinacas estaban limpias, Shalan y Gail las dejó a un lado y sacaron algunos vegetales frescos para que los niños los pelaran y trozaran. Conner agarró una zanahoria en una mano y una peladora en la otra e intentó pelar la zanahoria. Cuando la zanahoria estaba pelada, Conner la pasó a Ani, quien usó un cuchillo de seguridad en un intento de trozarla. (Vea la Figura 26). Después de algunos intentos Ani soltó el cuchillo e intentó romper las zanahorias a mano. (Vea la Figura 27). Finalmente dijo: “Dalan, hep pis” (Shalan, ayuda por favor), y Shalan la ayudó a trozar la zanahoria más finamente. Conlan metió la mano a la bolsa de zanahorias y otros vegetales trozados y agarró una manada para echarla al tazón de espinacas. (Vea la Figura 28). Reese luego agregó verduras a la ensalada. (Vea la Figura 29). La niña luego pasó las verduras y el tazón a Annabelle para que ésta pudiera turnarse para agregar vegetales a la ensalada. (Vea la Figura 30). Una vez que se había compuesto la ensalada, Gail ayudó a los niños a hacer un aderezo de vinagreta francesa para la ensalada. (Vea la Figura 31). Ani usó las dos manos para manipular las tenacillas al mezclar la ensalada. (Vea la Figura 32). Conlan clavó un tenedor en su ensalada para tomar una mordida. (Vea la Figura 33).

Se agregan accesorios para el juego de fantasía. La cocina de la clase Abejas de Miel

Shalan, Mindy y Gail especularon que los niños sacaran provecho de continuar su estudio de cocinar con espinacas mediante el juego creativo. Así que agregaron algunos accesorios relevantes al Centro de Vida en Familia: una licuadora de juego (realmente un bote grande), cucharas y tazas para medir, latas, una botella vacía para vainilla, un recipiente vacío para sal, recipientes para polvo de hornear y canela, una caja vacía para huevos, un temporizador y moldes para panecillos. Los niños también tenían carritos pequeños para hacer las compras a fin de preparar panecillos y licuados de espinacas. Gail también llenó una bolsa de celofán para espinacas con trozos rotos de papel verde. Varios niños hicieron deliciosos panecillos y licuados de juego para servir a sus amigos (vea las Figuras 34–37).

Fase 3. La conclusión del proyecto

Cierto día después de que el centro se había cerrado a las 5:30 p.m., las familias de la clase Abejas de Miel se reunieron en el salón de clases para la culminación del Proyecto Cocinamos con Espinacas. Antes de la llegada de las familias, Shalan y Gail habían arreglado espacios separados para cocinar en el aula. Proporcionaron un juego de tarjetas de recetas, una licuadora y un horno tostador, herramientas para cocinar y una mesa para cada familia que participó. Luego sugirieron que los padres hicieran de sous chefs (cocineros ayudantes) para sus hábiles hijitos.

El evento coincidió con la hora de cenar. Gail se preguntaba si los niños se sentirían cansados o irritables. También le preocupaba que los padres ansiaran llegar a casa. Aunque no tenía ni idea de lo que debería esperar, también recibió una sorpresa agradable en los resultados. El parloteo alegre de los padres y hermanos era un deleite inolvidable. Había orden en el salón mientras las familias pusieron manos a la obra de elaborar panecillos, ensaladas y licuados con mucha camaradería. Los niños experimentaron un aula llena de risa junto con las vistas y los sonidos de cocinar. Demostraron a sus padres y madres todo lo que habían aprendido.

La experiencia culminante de cocinar juntos también resultó valiosa para los padres. No solo se divirtieron al reunirse con otros padres y la maestras, también tuvieron la oportunidad de participar en lo que sus hijos habían estado aprendiendo. Reese, su hermana, Camryn, y su madre, Corby, se sentaron juntas en una mesa para hacer licuados de espinacas. Jordan y su papá lavaron rabanitos para su ensalada, y junto con su madre, la niña mezcló la vinagreta con las espinacas para hacer la ensalada. Grace, la hermana de Jaxsen, le pasó un huevo. El niño intentó romperlo sin éxito. Grace luego golpeó ligeramente el huevo contra el lado de la licuadora y lo echó adentro. (Vea las Figuras 38–41). Las maestras pudieron sentarse y gozar la culminación de un proyecto exitoso.

Reflexiones de las maestras

El Proyecto Cocinamos con Espinacas aportó a los niños pequeños de la clase Abejas de Miel la oportunidad de investigar la cocina y las herramientas y aparatos relacionados. Durante su investigación, aprendieron mucho sobre la resolución de problemas e hicieron experimentos con el pensamiento y el proceso científicos. Los niños parecían estar muy motivados para practicar usando herramientas reales para trozar, pelar, sacar ingredientes y revolver. La repetición conduce al dominio, así que la larga duración del proyecto permitió que los niños mayores practicaran dichas habilidades en múltiples ocasiones. Además, el proyecto se mejoró con la provisión de muchas herramientas de cocina para el juego de fantasía en el Centro de Vida en Familia ya que así los niños tuvieron más oportunidades de echar ingredientes, verter, medir y trozar.

Los niños también pudieron realizar muchas interacciones sociales unos con otros y con sus cuidadores y familiares. Los niños sentían ansias por comunicar su conocimiento de cocinar, e hicieron así de varias maneras. Por ejemplo, Eli vio el horno tostador y dijo: “Caliente”. Ani demostró las palabras para espinaca y zanahoria en el lenguaje de señas. Los niños también usaron señas para formar la palabra verde; habían observado con regularidad la manera en que las espinacas se combinaban con la mezcla de yogur para producir un batido de un verde hermoso.

El sembrar semillas de espinaca afuera también mejoró la investigación de la espinaca. Muchos de los niños pensaban al principio que se escondían las semillas en la tierra para que ellos las buscaran. Gail les presentó el concepto que las semillas necesitaban dormir antes de brotar, y después de varios días los niños perdieron el interés en hallarlas. Pero a las pocas semanas, el tema volvió a interesarlos cuando divisaron plantitas. Las maestras también presentaron la idea que las plantas, al igual que la gente, necesitan agua, y los niños usaron regaderas para regarlas. Las maestras previeron que, con la repetición continua de los ciclos de sembrar, cultivar y cosechar vegetales, los niños entenderían con más profundidad de dónde viene la comida.

Marion Cunningham, difunta defensora de cocinar en casa, escribió: “La comida es más que forraje. Se trata de una acción de dar y recibir ya que la experiencia de sentarse en la mesa para comer es una experiencia comunal de compartir; el habla empieza a fluir, se expresan sentimientos y un sentido de bienestar invade el lugar” (Cunningham, 1979). A través de este proyecto, Gail descubrió que muchos de los participantes pequeños ansiaban dar, recibir y gozar de compartir dentro de su comunidad. Las maestras observaron que los niños compartieron con gozo sus creaciones de espinacas. Sentían gozo al hacer el baile de la licuadora, al explorar los materiales y ¡especialmente al probar sus propios productos!

Un proyecto de cocinar con espinacas puede continuarse. Las espinacas pueden cultivarse otra vez en el otoño y las recetas relacionadas podrían incluir platos calientes con espinacas. Con la repetición, los niños pueden seguir estudiando las propiedades de la espinaca y los ciclos de las estaciones.

Referencias

Cunningham, Marie. (1979). The Fannie Farmer Cookbook (12th ed.). New York: Alfred Knopf.