
La independencia es algo que se desea ver en los niños. Sin embargo, en las comunidades como la de un aula de la primera infancia, las personas dependen las unas de las otras. Todos pueden aprender a ayudar a otros y también a defender a sí mismos. Es importante que los niños que tienen discapacidades, al igual que los sin ellas, desarrollen la habilidad de abogar por sí mismos. Se describen a continuación tres maneras de defenderse: tomar la palabra, pedir ayuda y fijar límites.
Tomar la palabra
Todo niño y niña tiene su manera de tomar la iniciativa al comunicarse. Esto es, con su propia voz, con un aparato de comunicación aumentativa o alternativa (AAC, siglas en inglés) o con el lenguaje de señas. Hay que animar a los niños a expresar sus opiniones y contestar preguntas. Durante las juntas de toda la clase, los maestros pueden incluir momentos para preguntar cómo se siente cada persona hoy. Así se les ofrece a los niños la oportunidad de hablar y expresar algo que les importa.
Pedir ayuda
Antes de que un niño llegue a sentirse frustrado, hay que enseñarle a pedir ayuda. Para hacer esto, se puede programar el dispositivo AAC de un niño con la palabra “ayuda”, enseñarle a hacer la seña de “ayuda” o animarle a decir “Necesito ayuda”.
Los adultos podemos dar un modelo de pedir ayuda en el salón de clases. Por ejemplo, si a una maestra se le derrama la leche mientras está sentada en la mesa, ella puede decir: “¿Alguien puede ayudarme por favor a limpiar la leche?”. También es buena idea resumir lo que ocurrió. “Ah, se me derramó la leche y luego pedí ayuda. Anita vino a ayudarme. ¡Gracias, Anita!”
Al reaccionar pronto, los adultos podemos demostrar a los niños que surte efecto pedir ayuda. Los compañeros también pueden ayudar. Los maestros podemos alentar a los niños para que se ayuden unos a otros cuando alguien lo pide.
Fijar límites
Está bien decir que no. Los niños pueden aprender a decirles “no” a los compañeros que los toquen o les quiten juguetes o materiales. Las frases como “No quiero un abrazo” o “Quiero hacer el rompecabezas yo solito” son útiles.
Los adultos podemos ayudar a los niños a dar su mensaje al animarles a hablar con más firmeza, con una voz más fuerte o con un tono más confiado. Una voz baja y quieta, puede que no sea lo más indicado al relacionarse con otros. También se puede ayudar a los niños a practicar su mensaje ante un espejo. Los maestros podemos usar el juego de fantasía para demostrar cómo se ponen los límites. “Voy a construir una gran torre, pero quiero hacerlo yo sin ayuda, ¿bueno, María? Podemos jugar cerca y construir cosas distintas.”
Aun cuando los niños pequeños se sienten confiados al hablar por sí mismos, necesitan saber que los maestros todavía estamos para darles apoyo a la hora de tomar la palabra, pedir ayuda y fijar límites.


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