Área 1. Introducción

El sano desarrollo social y emocional en niños pequeños depende de las relaciones positivas y de tierno cuidado que tienen con los adultos importantes en sus vidas. Las relaciones ponen en cimiento del desarrollo social y emocional de niños, y apoyan e influyen en su manera de aprender sobre su mundo.

Las relaciones positivas también facilitan la formación de relaciones seguras de apego entre niños y sus cuidadores principales. Los niños aprendan mediante las interacciones cotidianas con sus cuidadores, y son estas experiencias tempranas las que les ayudan a desarrollar la confianza, la seguridad psicológica, la compasión y la empatía. Dichas interacciones importantes se describen como el “baile social” entre los niños y sus cuidadores, y les dan las primeras experiencias de la comunicación y la expresión emocional.1 Tales experiencias iniciales les ayudan a los niños a entablar relaciones con adultos y compañeros, y les ayudan a aprender a identificar, expresar y manejar los sentimientos.

Los niños necesitan desarrollar la confianza en sus cuidadores a fin de explorar y aprender. Los cuidadores fomentan esa confianza al responder de manera constante a las necesidades de los niños. Dichas respuestas e interacciones sensibles les ayudan a los niños a formar vínculos afectivos y relaciones seguras de apego con sus cuidadores principales. Durante la primera infancia, los niños dependen totalmente de sus cuidadores para satisfacer sus necesidades básicas, tanto emocionales como físicas. Los cuidadores receptivos y emocionalmente disponibles les proveen a los niños sentimientos de seguridad y estabilidad, y les dan apoyo en la co-regulación de las emociones. Dicha co-regulación es importante para ayudar a los niños a aprender a identificar y manejar sus propios sentimientos en el futuro. Por lo tanto, es importante que los cuidadores sean sensibles a las necesidades de los niños al responderles, y que sus interacciones con ellos sean genuinas, cariñosas y de tierno cuidado.

Los niños empiezan a reconocer que son seres distintos de sus cuidadores entre los seis y nueve meses de edad.2 Esa auto-conciencia nueva es el mismo principio del concepto del yo y de la empatía, ya que los niños empiezan a reconocer sus propios sentimientos. Dentro del contexto de sus relaciones de apego, los niños expresan sus sentimientos de maneras más apropiadas y efectivas. A medida que los niños van creciendo, son capaces de entender y reaccionar ante los sentimientos ajenos, habilidad necesaria para las relaciones sociales positivas. Los niños siguen dependiendo de los cuidadores para que sus necesidades básicas sean satisfechas y para ayuda con la regulación de sus sentimientos. También se valen de sus cuidadores para consuelo, guía e indicios sobre cómo deben comportarse y sentirse dentro de sus contextos sociales y culturales. Los niños practican el uso de dichas habilidades sociales nuevas con la comunicación, la expresión creativa y el juego.

Las relaciones tempranas entre niños y sus cuidadores principales son muy especiales, pero no siempre son perfectas. Los niños nacen cada uno con su propio temperamento, que es su manera singular de pensar, portarse y reaccionar. El temperamento de un niño puede ser diferente de los de sus cuidadores; por lo tanto es importante que los niños tengan un “buen grado de ajuste” con sus cuidadores para apoyar el desarrollo emocional sano.3 No todas las necesidades ni las interacciones se satisfarán ni se manejarán sin problemas; esto se describe con frecuencia como una falta de ajuste entre los niños y sus cuidadores. Los niños pueden recuperarse emocionalmente y volver a formar conexiones con sus cuidadores cuando una falta de ajuste se remienda de manera positiva. La falta de ajuste y las remiendas son comunes y forman parte del desarrollo social y emocional normal.4

Notas

  1. Class Lecture, Erikson Institute (2002). Course: Human Development 1. Frances Stott, Ph.D. Chicago, IL.
  2. Stern, Daniel (1985). The interpersonal world of the infant. New York: Basic Books.
  3. Stern, Daniel (1985). The interpersonal world of the infant. New York: Basic Books.
  4. Tronick, E. & Gianino, A. (1986). Interactive mismatch and repair: Challenges to the coping infant. Zero to Three, 6(3), 1–6.

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