
A veces deseamos allanar las interacciones con nuestros niños de edad preescolar-a tal grado que no les decimos lo que verdaderamente queremos decir.
Hable de una forma sencilla.
No es preciso que a los niños les guste todo cuanto les pedimos. Usted no lastimará a su hijo diciéndole cuál comportamiento espera, si lo hace de una manera tranquila, breve, amistosa y franca. ¿Quiere que su hijo de edad preescolar deje de saltar de su silla durante las comidas? Dígale “Quiero que te quedes sentado durante el desayuno” o algo parecido, en vez de decirle “Necesitas quedarte sentado”. Usted desea que el niño coma tranquilo su desayuno a fin de estar listo para lo que va a hacer luego.
Exprese que usted siente empatía por su hijo.
Cuando usted insiste en comportamientos como quedarse sentado tranquilamente o no tocar ciertas cosas, será útil comunicar a su hijo que usted comprende que se le hace difícil hacer lo que le pide. Podría utilizar un tono de voz amistoso pero firme: “Yo sé que prefieres andar corriendo”. “Comprendo por qué sería divertido tocar todas las macetitas de la abuela. Pero se rompen muy fácilmente, por eso no quiero que hagas así”.
Diga claramente cuál comportamiento espera y luego pase a otras cosas.
Una vez que haya indicado lo que quiere en un tono de voz agradable, claro y firme, cambie a otro tema. Más tarde, cuando el momento haya pasado, usted podría explicarle con más detalles por qué era tan importante el comportamiento que le pidió. Los niños pequeños responden mejor a indicaciones breves y directas del comportamiento que desean los adultos íntimos. Los niños frecuentemente se desconectan de las explicaciones largas.
Hable con firmeza.
Nunca es necesario tratar mal al niño, pero sí es necesario ser firme. La mayoría de los niños preescolares desean ser la clase de persona que queremos que sean, pero frecuentemente precisan ayuda para aprender cómo serlo. No tenemos por qué criticar, ser sarcásticos ni estar enojados cuando insistimos en el comportamiento que deseamos. Pero sí tenemos que ser firmes y comunicarnos claramente. Resista la tentación de prometerle recompensas al niño por obedecer a usted.
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